Cuando sople el hálito negro y crezca la sombra de la muerte, y todas las luces se extingan, ¡Ven athelas, ven athelas! ¡En la mano del rey da vida al moribundo!
Sub tuum praesidium confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.
Amen.
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